EN CARTELERA

HARRY POTTER Y EL CÁLIZ DE FUEGO
(***)


Ernesto Diezmartínez Guzmán
Para Almendra,
por supuesto.

Si la saga del predestinado brujo infantil/juvenil Harry Potter (Daniel Radcliffe) y sus inseparables amigos -el pobretón e indolente Ron Weasley (Rupert Grint, madurando como actor) y la responsable y estudiosa Hermione Granger (Emma Watson, madurando como actriz… y como mujer)- sigue la misma tendencia, la última cinta de la serie será una obra mayor. Y es que si bien la primera película, dirigida por Chris Columbus, fue apenas una aceptable ilustración realizada por un temeroso “muggle”, la segunda –también de Columbus- ya mostraba una clara mejoría en el manejo de las acciones y los personajes. Sin embargo, no sería hasta la tercera parte, Harry Potter y el Prisionero de Azkabán (2004), dirigida por Alfonso Cuarón, que la historia empezaba a resultar genuinamente interesante, con nuestros héroes Harry, Ron y Hermione convertidos en un trío de adolescentes volátiles e ingobernables –es decir, adolescentes comunes y corrientes.

 Con Harry Potter y el Cáliz de Fuego (Harry Potter and the Goblet of Fire, GB-EU, 2005) la saga ha mejorado aún más. La trama es una efectiva continuación/extensión de las anteriores cintas y, al igual que éstas, también fue adaptada por Steven Kloves. Como no he leído más que el primer libro de la multimillonaria señora Rowling –mea culpa, mea culpa- no puedo afirmar qué tan fiel o qué tan traicionera ha resultado la susodicha adaptación, pero para un lego harrypotteriano como el que esto escribe, debo dejar constancia que la cinta muestra de manera muy razonable historia, personajes, acciones y vueltas de tuerca sin provocar confusión, sin aburridos juegos de quidditch (¡bravo!) pero sin la presencia de la familia “muggle” de Harry (¡buuuuu!).

 Harry y compañía está en Hogwarts de nuevo, cursando el cuarto de año de su educación brujeril, cuando el profesor Dumbledore (Michael Gambon) le informa a toda la comunidad que se llevará a cabo el Torneo de los Tres Magos, en donde un representante de las tres mejores escuelas lucharán por la codiciada copa de campeón. El problema para Harry es que el Cáliz de Fuego del título escupe su nombre, de tal forma que, sin deberla ni temerla, tendrá que participar en el jueguito de marras, que consiste en pelearse con un dragón, rescatar a un amigo/familiar de las profundidades de un lago y encontrar la preciada copa de campeón en un laberinto con vida propia. Lo peor no es eso: entre las sombras acecha ya-sabe-usted-quién: Lord Voldemort (Ralph Fiennes), tan pelón y tan feo como Salinas, nuestro propio “Innombrable”.

 Sin embargo, más allá de la compleja trama que es entendible sólo para iniciados y/o cinéfilos muy atentos, la cinta, dirigida con impecable fluidez por Mike Newell, tiene sus mejores momentos en la descripción psicológica de su trío protagónico. De esta manera, vemos a un Ron convertido en un jovencito inseguro y resentido (por vivir a la sombra de Harry, por ser incapaz de lidiar con sus sentimientos por Hermione), a una Hermione cada vez más confundida (por ser ella quien entiende mejor los cambios que están sucediendo a su alrededor), a un Harry cada vez más harto (por tener que cumplir las expectativas de todos… menos las de él mismo).

 Lo mejor de la película tiene que ver con un auténtico y muy real terror juvenil: invitar a alguien al primer baile escolar. Eso es lo difícil, lo doloroso, lo terrible. Cuando este trío de adolescentes lidian con sus propias inseguridades, sus propias hormonas, sus propias comezones, es cuando nos resultan más cercanos. Es cuando le damos la razón a Harry Potter: eso de ser adolescente es complicadísimo. Es más fácil luchar con dragones.


Escala de Calificación
**** Excelente        *** Muy recomendable     ** Vale el boleto o la renta
* Palomera       + Churrito        ++ Churrote

Comentarios: ernesto@cinevertigo.com

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