EL CINE QUE NO VIMOS
THE CENTURY OF SELF
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Ernesto Diezmartínez GuzmánHace unas semanas publicamos en el suplemento Primera Fila de REFORMA un largo texto sobre el cine que puede ser visto, legal y gratuitamente en la red. En este sentido, aunque The Century of Self (GB, 2002), no es exactamente cine –con todo y que fue exhibido en algunas salas neoyorkinas en dos partes hace algún tiempo- de todas formas es imperativo, para mí, dedicarle unas cuentas líneas en esta sección de Cinevertigo.
La serie televisiva The Century of Self es la primera teleserie –de las tres que ha dirigido hasta el momento- del documentalista Adam Curtis, de quien en México pudimos ver, en el pasado FICCO 2008, su más reciente trabajo, The Trap: What Happened to Our Dream of Freedom (2007). The Century…, producida por la BBC británica, está formada por cuatro capítulos de una hora y es, desde mi experiencia, el más absorbente documental que me ha tocado revisar en los últimos años.
Dirigida, producida, escrita y narrada por Curtis, la teleserie es un fascinante y provocador ensayo audiovisual sobre la influencia en el siglo XX de la teoría freudiana del inconciente –es decir, la propuesta que afirma que los seres humanos somos básicamente irracionales y que nos movemos por impulsos de miedos y deseos que no controlamos- y del uso que se le ha dado a esa teoría, desde su aparición hasta la actualidad, en la publicidad, la propaganda, los negocios y la política. Con material de archivo extenso y siempre interesante –películas caseras de Freud y su hija Anna, entrevistas a familiares de ellos, más un interminable desfiles de analistas políticos, psicólogos, historiadores, publicistas, además de innumerables imágenes documentales de la época-, cada capítulo da la suficiente oportunidad para la discusión y el debate.
El primero (Happiness Machines) nos muestra la influencia que tuvo el sobrino de Freud, Edward Bernays, en el desarrollo de la propaganda política y las relaciones públicas a inicios del siglo pasado, usando los conceptos acuñados por su célebre tío vienés. La estrategia con la que Bernays logró, por ejemplo, hacer aceptable socialmente que las mujeres fumaran es antológica: planeó una manifestación de mujeres sufragistas quienes, mientras marchaban por sus derechos políticos en las calles de Nueva York, sostenían desafiantemente un cigarrillo. De la noche a la mañana que una mujer fumara se convirtió en algo positivo: las ventas de las compañías tabacaleras se duplicaron y Bernays logró imponer, con su diabólico ingenio, una idea completamente irracional: que fumar un cigarro le da independencia a la mujer.
El segundo capítulo (The Engineering of Consent), ubicado durante la Guerra Fría, nos muestra el uso de miedo (“¡Es un peligro para México!”) para lograr los objetivos deseados por la elite política. El tercer episodio (There is a Policeman Inside Our Heads and He Must Be Destroyed) es el más extravagante de todos: nos lleva a revisar las actividades de los seguidores y luego adversarios de Freud, en especial Wilhelm Reich, quien proponía que el yo interno debería liberarse y no reprimirse, lo que llevó a la aparición de la llamada “Me Generation” durante los 60/70. Esta generación, individualista y egocéntrica, sería entendida y manejada por dos hábiles políticos conservadores de los 70/80 en los dos lados del Atlántico (Reagan y Tatcher, but of course), quienes cambiarían radicalmente la forma de hacer campañas políticas (episodio 4: Eight People Sipping Wine in Kettering) al usar muchas de las técnicas publicitarias –especialmente los llamados grupos focales- para atraer los votos de los indecisos y arrebatarles el poder a sus adversarios.
Lo deprimente de este cuarto capítulo –de toda la serie, en realidad- es que la oposición progresista que derrotaría a los conservadores (Clinton y Blair) llegaría al poder usando exactamente los mismos métodos que sus adversarios. El apelar a la razón de la gente –como lo hicieron Roosevelt o Churchill en su momento- estaba descontinuado: ahora hay que decirle a la gente lo que quiere escuchar, venderle un político cual si fuera una pasta dental y renunciar a toda ideología o convicción que puede resultar “peligrosa” para el electorado clasemediero satisfecho y conformista.
La conclusión de la serie es desesperanzadora: la famosa Matrix existe y vivimos en ella. Y su éxito más notable es convencernos –como el Demonio- que no existe.
Nota: La serie completa puede ser vista en Google video, Youtube.com y en el Internet Archive: Open Source (http://www.archive.org/index.php).
EL CINE QUE NO VIMOS Escala de Calificación
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