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EL BUENO EL MALO Y EL FEO


Ernesto Diezmartínez Guzmán
Hace algunos años que no veía una de las películas favoritas de mi infancia y adolescencia, El Bueno, el Malo y el Feo (Il Buono, il Brutto il Cattivo, Italia-España, 1966), sin duda la obra más conocida de los llamados spaghetti-westerns y la cinta más famosa de su director, el romano Sergio Leone (1929-1989). (Por cierto, ¿fue esta la mejor película de este cineasta?: no sé, tendría que volver a ver Érase una Vez en el Oeste/1968 y Érase una Vez en América/1984 para poder afirmarlo).

 La edición en DVD de El Bueno… en Región 1 tiene el trailer original, un par de apartados informativos sobre los spaghetti-westerns y sobre la producción de la cinta, además de un rescate realmente interesante: se trata de varios minutos borrados de la edición que se distribuyó internacionalmente. Como era costumbre en las cintas de Leone, circularon varios cortes de distinta duración de El Bueno, el Malo y el Feo. La versión más conocida –y que me tocó ver una y otra vez en algún cine de la infancia—fue la de 161 minutos. El corte estrenado en Italia tenía 186 minutos, mismos que fueron restaurados en el re-estreno de hace unos meses en Estados Unidos y Europa. Una aclaración: el disco que compré –en una tienda en Extranjia; en México debe estar disponible en Mixup y otros changarros similares—no tiene los 20 minutos extra editados dentro del filme, sino que se pueden ver en otra sección del propio DVD.

 En cuanto, al filme, ¿qué podemos decir de novedoso? En todo caso, en mi enésima visión de la película descubrí algo que no había caído en cuenta: en el mundo caótico de la Guerra de Secesión americana retratada por Leone –en donde el bueno, el malo y el feo están tras un botín de 200 mil dólares en oro—hay cabida, de todas formas, para varios gestos conmovedoramente humanos: en un cigarro que se le da a un jovencito agonizante, en la botella de whiskey que se regala como última muestra de solidaridad viril, en un puñetazo que se intercambia con el hermano al que hace años que no se ve, en el efímero rechazo a seguir tocando una canción que sirve de fondo a una brutal tortura…

 Más allá de la emblemática música de Ennio Morricone, los desplantes sobreactuados de Elli Wallach (el feo), la tiesura legendaria de Clint Eastwood (el bueno), el sadismo reptilesco de Lee Van Cleef (el malo) y el inolvidable duelo final en el cementerio, esta vez me quedaron grabados esos pequeños gestos de humanidad… La próxima vez que la vea, les cuento.


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Comentarios: ernesto@cinevertigo.com
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